Para repartir una herencia yacente es aconsejable realizar los trámites legales cuanto antes. Te contamos los principales motivos y te resumimos las obligaciones.

Seguro que lo habrás escuchado en más de una ocasión, e incluso te lo has llegado a plantear:

«Cuando fallece una persona, a sus herederos les interesa dejar pasar el tiempo para evitar pagar impuestos y reclamar más tarde la herencia»
Cuñado en las comidas familiares

Parece una idea atractiva, pero a través de este artículo te daremos las claves para que entiendas que, además de ser una mala opción, puede llegar a ser contraproducente.

Herencia yacente: Quizá estés haciendo algo «sin hacer nada»

Cuando una persona fallece, con su patrimonio se abre un período desde la defunción hasta la aceptación y reparto de los bienes de su herencia.

Durante todo ese tiempo decimos que la herencia está yacente, o para entendernos: que su patrimonio está, pero no es tuyo y por lo tanto no se puede tocar.

Hasta el momento de aceptación y reparto, los herederos deben realizar un sinfín de trámites para regularizar la situación del difunto.

Este temido papeleo al que, por suerte, no estamos acostumbrados, está plagado de innumerables documentos de los que muy probablemente jamás hayas oído hablar.

A pesar de ello, tendrás que recopilar y presentar esos papeles ante diferentes organismos (locales y autonómicos) para dar cuenta del nuevo estado.

Aceptación tácita de la herencia

Debes ser muy consciente de que, aunque no estés moviendo papeles, quizá puedas estar realizando actos que impliquen una obligación para ti y que sin embargo te es totalmente desconocida.

Es decir, que el hecho de ser una herencia yacente no implica que no puedas aceptarla sin saberlo.

Recuerda esta máxima: «No hay derecho sin obligación».

Imagina que, por ejemplo, decides irte a vivir al piso de tus padres una vez fallecido el último de ellos, y para ello cambias la titularidad y recibos de todos los suministros de la vivienda, e incluso de la comunidad.

Esas meras gestiones pueden llevar a un tercero a entender que has hecho una aceptación tácita de la herencia (de los bienes y, más importante aún, de las deudas), y posiblemente te veas en la obligación de resolver el asunto en sede judicial.

Por esa razón debes tener muy presente que, en el terreno de las herencias, la mejor forma de caminar sobre seguro es haber realizado todos los trámites que las acompañan y adjudicarte lo que te corresponda cuanto antes.

Para reclamar la herencia, tarde o temprano tendrás que hacerlo

La creencia tan arraigada con la que hemos comenzado este artículo en realidad se corresponde con los plazos de prescripción del impuesto de sucesiones.

De ello hablaremos un poco más adelante, pero quédate con esta idea:

Aunque el impuesto de sucesiones haya prescrito, para poder ejercitar tus derechos sobre la herencia siempre deberás justificar documentalmente haberlo presentado.

Y eso significa que estás de nuevo al principio de tu dilema.

Para ayudarte a resolverlo, te diremos que la prescripción del impuesto de sucesiones es el mejor de los escenarios.

En el peor te encontrarás presentando instancias fuera de plazo y teniendo que hacer frente a recargos, intereses legales y sanciones administrativas.

Puesto de una forma sencilla: Tanto si decides ponerte manos a la obra como si prefieres esperar, las imposiciones legales son las que son y, para tu desgracia, no tienen ninguna prisa porque eres tú quien debe tenerla.

Tú eliges si te dejas seducir por el factor sorpresa o decides ir sobre seguro.

Obligaciones inevitables al fallecimiento

Aunque cada situación es diferente y dependerá sobre todo del patrimonio del fallecido, por norma general te encontrarás casi seguro con estas obligaciones:

Obligaciones legales que hay detrás de una herencia

Obligaciones legales que hay detrás de una herencia

Liquidación del Impuesto de sucesiones

Al fallecimiento de cualquier persona, antes o después, hay que liquidar este impuesto. Para ello deberás acreditar legitimidad o interés en la herencia.

La existencia de cuota dependerá de la Comunidad Autónoma (al tratarse de un impuesto delegado) y de su régimen de exenciones, reducciones y bonificaciones.

El plazo ordinario para presentar este impuesto es de seis meses desde el fallecimiento.

A pesar de ese plazo, puedes solicitar una prórroga dentro de los primeros cinco meses, debiendo justificar la causa que la motiva (p.ej. averiguaciones patrimoniales de los difuntos).

Debes tener en cuenta que, en caso de prórroga, tendrás que abonar los intereses devengados en el caso de que la liquidación del impuesto te salga «a pagar».

Este impuesto tiene un plazo de prescripción de cuatro años, lo que en la práctica te deja un intervalo de 4 años y medio de espera (el plazo de prescripción más los seis meses iniciales para presentarlo).

Puede que llegados a este punto te sigan gustando las emociones fuertes y prefieras esperar a que venzan los plazos.

Si es así, lamentamos tener que decirte esto: los Registros Civiles (que es donde se inscriben los fallecimientos) están informatizados.

Esto permite al resto de organismos públicos acceder y consultar la situación civil de sus causantes, y hace posible rastrear con facilidad quien ha presentado el impuesto y quien no.

Es importante que tengas presente que es un impuesto que exige un gran volumen de documentación para dar soporte a la información que se incluye en el impreso, por lo que el plazo legal de seis meses es mucho más ajustado de lo que a priori puede parecer.

Liquidación del IRPF del fallecido

La obligación de tributar en el Impuesto de la Renta de las Personas Físicas (IRPF) del difunto no desaparece con su fallecimiento.

Eso sí, puede que el finado (una forma elegante de decir fallecido) no tuviera obligación de presentar la declaración (por ejemplo, que la nómina o pensión del fallecido no lleguen a los mínimos establecidos por la Agencia Tributaria).

No obstante, incluso cuando el difunto no resulte obligado a declarar, puede ser interesante para los herederos realizar la autoliquidación o revisar los resultados del borrador que facilita la propia Agencia.

En el caso de que tuviera derecho a recibir una devolución, es posible presentarla (o confirmar el borrador)

Para este último escenario es necesario, de nuevo, acreditar entre otras cosas la condición de heredero, aportando parte de la documentación que has tenido que recopilar para el impuesto de sucesiones.

Cuando existe obligación de declarar, los herederos están obligados a presentar la declaración de la Renta con independencia de su resultado.

Como mínimo habrá que presentar la declaración del año de fallecimiento en la campaña de la Renta del año siguiente.

Ahora bien, si el deceso se produce antes del inicio de la campaña de la Renta de ese mismo año (por ejemplo, en febrero o en marzo), los herederos tendrán también que presentar la declaración del año anterior.

Es decir, que puedes llegar a tener que presentar dos declaraciones de la renta de un fallecido.

Hemos apuntado en un párrafo anterior que la obligación lo es con absoluta independencia de la cuota resultante, ya que tanto si no liquidas como si lo haces fuera de plazo tendrá repercusiones negativas para ti.

Es muy frecuente creer que cuando el resultado sale «a devolver», la Agencia Tributaria con mucho gusto retendrá este importe hasta que el impuesto sea liquidado.

Es cierto, pero no te librará de la más que segura sanción administrativa por presentar el impuesto fuera de plazo.

Si además el resultado de la declaración es «a ingresar», al importe y a la sanción deberás sumarle los intereses y recargos que se hayan ido generando.

Aunque el plazo de prescripción de este impuesto sigue siendo de cuatro años, de nuevo, los sistemas informáticos de la Agencia Tributaria y sus protocolos de funcionamiento juegan en tu contra.

Les será relativamente sencillo averiguar que el fallecido no ha liquidado el impuesto, cotejar todos los datos fiscales de que disponen y girarte de oficio una propuesta de liquidación.

Liquidación del Impuesto sobre el Patrimonio

Si el fallecido contaba con un capital notable, además del IRPF deberá también liquidarse el impuesto sobre el patrimonio.

Este impuesto, como su nombre indica, grava el patrimonio neto (bienes menos deuda) de una persona física.

Pueden existir dos motivos por los que exista la obligación:

  • Que se haga el cálculo de la cuota del impuesto y salga a ingresar
  • Que la suma del valor de todos los bienes del difunto (sin considerar deudas ni exenciones) sea superior a 2.000.000 euros

Para ello deberán tenerse en cuenta los bienes y derechos de esa persona a 31 de diciembre del año anterior.

Debes tener especial cuidado con este impuesto, ya que la obligación de presentarlo corresponde a personas diferentes según la fecha de defunción.

Por ejemplo, si el titular fallece antes del período de presentación (coincide con el del Impuesto sobre la Renta), deberás presentarlo en nombre del fallecido.

Si, por el contrario, fallece finalizado ese período, (p.ej. noviembre), serán los herederos los que deban presentarlo al año siguiente.

Aunque es un impuesto de carácter estatal, las comunidades forales como Navarra o País Vasco tienen su propia regulación.

Además, al tratarse de un impuesto cedido a las Comunidades Autónomas, éstas tienen autonomía para establecer criterios de exención y/o reducciones, por lo que la cuota resultante dependerá mucho del territorio donde se realice la declaración.

Impuesto sobre el Incremento de Valor de Terrenos de Naturaleza Urbana.

Desde que se adquiere un bien inmueble (piso, local, plaza de garaje o finca urbana) hasta que se transmite (en nuestro caso será debido al fallecimiento, – transmisión mortis causa-), casi con total probabilidad se habrá revalorizado.

La gestión de este impuesto corresponde en exclusiva a los ayuntamientos, concretamente al del lugar donde radique el bien.

Como ya te hemos comentado, grava el incremento de valor de dicho bien, de ahí que comúnmente se le conozca como PLUSVALÍA.

De este modo, si entre las propiedades del fallecido te encontraras con algún bien inmueble (con independencia del porcentaje de titularidad), por el hecho de ser heredero/a pasarás a convertirte en el sujeto pasivo de este impuesto.

Dicho de otra forma: pasas directamente a contraer la obligación de liquidar el impuesto, disponiendo de un plazo ordinario de 6 meses desde la fecha de defunción para llevarlo a cabo.

Este plazo es prorrogable hasta un año previa solicitud.

Para no ser menos que el resto de impuestos, su presentación también deberá ir acompañada de numerosa documentación.

El elemento diferencial en este caso es que además deberás aportar el justificante de la liquidación o autoliquidación del impuesto de sucesiones, lo cual hace que tu situación vuelva al punto de partida inicial.

Llegados hasta aquí, ¿aún sigues creyendo que no hacer nada es una opción?

Otros impuestos

Dependiendo del patrimonio del fallecido, como heredero/a deberás tener presentes también otros impuestos que gravan bienes concretos.

Seguro que resultarán familiares por su denominación habitual: la contribución o IBI y la viñeta.

Impuesto sobre Bienes Inmuebles

El impuesto sobre bienes inmuebles, IBI o contribución también va ligado, como la plusvalía, a la propiedad de bienes de naturaleza urbana (viviendas, trasteros, garajes, locales, etc.), por lo que si tienes que presentar el anterior también deberás prestar atención a este.

La suerte en este caso es que no tienes que presentar nada, y solamente estar pendiente de los períodos voluntarios de pago del impuesto.

Lo más habitual, al tratarse de una recaudación periódica, es tener domiciliado el recibo en alguna cuenta bancaria.

Comprueba si es así. En ese caso sólo deberás asegurarte de que la cuenta bancaria dispone de fondos para atender al pago.

Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica

Si con las propiedades urbanas no debes descuidar el IBI, con los vehículos deberás hacer lo mismo con la viñeta (como la conocemos vulgarmente).

De nuevo, deberás prestar atención a las campañas de recaudación y de período voluntario de pago y, si el recibo está domiciliado, asegurarte de que la cuenta de cargo dispone de fondos suficientes.

Una última razón: es menos de lo que parece

Puede parecer que los plazos son suficientes para presentar todos estos impuestos en plazo, pero no te confíes.

En realidad, el intervalo de tiempo puede resultar escaso si se tiene en cuenta la innumerable documentación que debe aportarse.

Además de la dificultad propia de los trámites, debes añadir el hecho de que no se trata de documentos propios sino de un tercero (el fallecido).

Esa es la razón por la que frecuentemente te verás en la obligación de realizar una ardua tarea de investigación para recopilar toda la documentación.

Pero tampoco te asustes, la mayor parte de la documentación es común para la mayoría de trámites, por lo que si lo haces con un cierto orden reducirás el número de paseos que tendrás que realizar entre ventanillas.

Además nos tendrás a nosotras cerca para echarte una mano. 😉

¡Verás que la tarea es más fluida de lo que esperabas!


Espero que toda esta información haya disipado tus dudas sobre si conviene ponerse manos a la obra tras un fallecimiento.

Recuerda que estamos a tu disposición para resolver cualquier duda o consulta sobre este tema.

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